Ven, léeme,
acaricia mis páginas,
invade mis letras.
Descúbreme en las mayúsculas
gritando tu nombre,
descansa en los puntos suspensivos
donde la esperanza se esconde.
Subyúgate con la tilde
que acentúa tu ausencia,
subraya con pasión esta frase
que no acepta la espera.
Juega con los pronombres,
contémplame tuya,
pero léeme despacio
en un rezo lento,
te quiero mío…
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