
Quisiera ser diosa, o guerrera,
o mejor fuera Perséfone,
o alguna de las Parcas
marcando destino y suerte.
No hilaría como Cloto,
ni devanaría como Láquesis,
como Átropos cortaría el hilo
dando origen a la muerte.
Quisiera caminar erguida
decidida y sin detenerme,
que bajo mi pie no crezca la hierba
dejando tras de mi un erial inerte.
Quisiera mi piel de mármol,
de piedra el corazón,
y donde pose mi mano
no crezca más una flor.
Quisiera poder cruzar
los cinco ríos del infierno,
atravesar Aqueronte
y no volver del Averno.
Sumergirme en Estigia
y convertirme en inmortal,
beber el agua de Leteo
para poder olvidar.
Sentarme junto a Cocito
a observar lágrimas ajenas,
o inmolarme en Flegetonte
y terminar con tanta pena.
Quisiera ser dolor,
quisiera ser quebranto,
quisiera que hasta la misma muerte
me mire con espanto.
Quisiera que esta vida
que vive entre mis venas,
de una buena vez entienda,
que no se vive en este mundo
con el alma a flor de piel
ni la piel entre las letras.
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