Escribo

Escribo para anclarme a la vida,

y mantener la cordura a mi lado,

mientras la locura, me hace guiños

desde los jirones de un cielo estrellado.

Escribo para ahuyentar soledades,

que viven en las sombras del pasado,

y llenar de soles mi alma

que entibien mis días nublados.

Escribo para que mis pies

se mantengan, del suelo despegados,

y en un suspiro de ternura,

mi corazón continúe alado.

Escribo porque no tengo elección,

las palabras se me acumulan sin descanso,

si quererlo se derraman una a una,

sin pedirlo se me escapan de las manos.

Y en un acto repetido,

exilio la muerte y exorcizo el quebranto,

comulgo con el universo

mientras escribiendo respiro mi canto.

miércoles, 28 de julio de 2010

¿Me recuerdas?

Soy yo…

¿Me recuerdas?

La que, desde tu partida,

regó tu nombre con polvo de estrellas,

guardó los recuerdos en un cofre de luna,

para bordar con ellos un manto de espuma

que abrigara su alma para que no duela.


Soy yo…

¿Me recuerdas?

La que remendó con su piel tus heridas,

desgarró su carne por querer sin fronteras,

desangró sus manos de tanto acariciar la bruma,

dibujó tu rostro en el espejo de cada laguna

y perdió la razón por amarte de esa manera.


Soy yo…

¿Me recuerdas?

La que aún sabiendo que no la querías,

ilusa anhelaba cada día ser tu dueña,

y como en una visión, se aferró obcecada a la locura

suspendiendo sus sueños en el tiempo, y hoy pregunta,

¿Me recuerdas? Y te dicta la respuesta.


Soy yo…

la loca esa,

que después de media vida,

sin piel, sin sangre y casi extinguida,

te dice adiós y te olvida, aunque quizás…

te ame todavía.


sábado, 24 de julio de 2010

Si supieras…



La tarde está gris,

la nostalgia se inquieta,

y esta lluvia

que no lava las penas.


Si supieras Amor…

que el tiempo no cura el silencio,

ni la distancia, ni los recuerdos…

Ni se lleva

pegado en sus horas,

el hálito de vida

que guarda este sentimiento.

Solo transcurre

en su fría existencia,

indolente, insensible, eterno…

Sin prisa se arrastran los días

y las cosas pasan

pero no pasa el invierno;

que habita en mi alma

desde ese momento,

que tu adiós extinguió los veranos

y tu ausencia enlutó mi cielo.


Si supieras Amor…

cuantas palabras guardo,

cuantas caricias, cuantos besos…

que saco a pasear en los días tristes

para abrigar este hielo;

que se entumecen mis labios

cuando tu nombre se escapa

clandestino sin quererlo,

y que se congela mi cuerpo

cuando en un rito habitual

te adora casi como un credo.


Si supieras Amor…

que la vida sigue,

y tiene luz…

y tiene color…

y hasta tiene un cielo…

que no es la luz que te alumbra,

ni el color que te pinta,

ni el cielo de mis sueños,

pero me mantiene viva

aunque ya no te tengo,

aunque las noches se cubran de sombras

y respire este aire gélido;

aunque me vista de grises

y la lluvia me llene de recuerdos.


Si supieras…

cómo lloviznan en mi pensamiento

las gotas de este amor

en los días como estos.

jueves, 22 de julio de 2010

Dolor imprudente



Mi cuerpo cansado

desayuna tristeza,

de sueños marchitos

de soledades eternas.

Las caricias perdidas

implacables, dejan sus huellas;

esos besos que no llegan

encendidos, sobre mi piel queman.

El deseo se resigna

sobre las cenizas que aún se conservan,

descansa su letargo

en esta carne que ya no espera.

La pasión es solo recuerdo

de alguna antigua hoguera,

que duerme en mis huesos calcinados

sin esperanza que el tiempo la encienda.

El dolor se hace dueño

de lo poco que me queda,

y en estos versos, imprudente,

expone mi alma y grita mi pena.

viernes, 16 de julio de 2010

Huellas indelebles

Rumores de sueños, se alejan

descolgándose en el silencio del alma;

recuerdos de viejos anhelos

invaden de pronto la mirada,

de estos ojos que miran secos

de tantas lágrimas derramadas,

en el funeral de las ilusiones

que paciente el corazón guardaba.

Dormida en su letargo permanece

sorda y muda, como antaño, la esperanza,

en esta vida que suave se mece

arropada cada noche por palabras,

escapadas de esta boca sedienta

de besos que nunca la callan,

volcadas por este puño inquieto

sin reservas cada mañana.

Aguerrida la soledad se aferra

a esta piel de caricias vedada,

y dolorosa pasa la vida

dejando indeleble sus huellas marcadas,

en el cansancio largo de los días

impreso en letras que rápido escapan,

para dormir su dolor silente

en estas tristes hojas blancas.