
La taza humea, mientras la hoja espera,
que en tinta negra aparezcan
dibujadas una a una las letras,
que sin tardanza se enredan
en vocablos que nada expresan.
La costumbre se hace carne…
La rutina se instala ligera…
Así nacen estas palabras mudas,
que nada dicen, que nada cuentan.
Por costumbre, por hábito, por inercia
para llenar el vacío del alma,
para distraer la soledad eterna,
para evocar alguna esperanza,
para inventar una quimera.
Con los sueños enterrados
en el funeral de las ideas,
el silencio se abre paso
en calladas sílabas muertas.
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